|
Lejos del fervor político que marcó las décadas de los `60 y `70, y los principios de los `90, tras la vuelta a la democracia, la sociedad chilena muestra una escasa participación política que se refleja en la vida cotidiana de las principales ciudades del país y que no hizo sentir este viernes la entrada en vigencia de la veda.
La desmovilización en las calles se refleja también en la escasa participación en las urnas, en particular de los jóvenes menores de 35 años, por el sistema -vigente desde la dictadura- de inscripción voluntaria, que llevó a un envejecimiento del padrón y a una crisis de representación por la marginación de 4 millones de electores, un tercio del total.
Atrás quedaron las movilizaciones de hasta un millón de personas vividas en la campaña por el plebiscito que marcó la vuelta a la democracia, lo cual en general se atribuye a que a medida que el sistema se hace sólida y estable va disminuyendo la participación activa de otras épocas.
Felipe Vergara, analista en Marketing Político de la Universidad Andrés Bello, explicó en diálogo con Télam que "en el caso chileno hay una fuerte apatía en relación a todo lo que tiene que vinculación con el mundo político que se ha ido proyectando en el tiempo, en parte producto de que ambos candidatos para la gente común no representan mayores diferencias”.
"La única diferencia que la gente parece percibir va por el tema valórico: los principios morales con que los candidatos quieren identificar sus gobiernos. Pero el día a día, la economía, la estabilidad, el futuro laboral no se ve afectado con el gobierno uno o del otro”, consideró el académico.
"Falta la efervescencia de la juventud militante, lo que pasaba en la década del `90. Hoy los que tenemos más de 35 ya no tenemos ganas de hacer caravanas. Lo que antes era un voluntariado para el volanteo o banderazos, hoy es pago por los comandos y lo que antes tenía un carisma hoy pasa a ser un negocio”, destacó el profesor.
A diferencia de la Argentina, los espacios públicos no resultaron invadidos de pintadas y afiches y la propaganda televisiva se acotó a dos franjas de 15 minutos “una al mediodía y otra a la noche en horario central- que "nadie mira y que permite subir el rating de encendido a los demás programas que siguen con su programación”.
"Los afiches y pintadas en las paredes son muy mal catalogadas por el electorado y generan el efecto adverso”, destacó Vergara, al explicar el paisaje urbano de banderas y palomas, tal como se llama aquí a los carteles con la imagen del candidato que se cuelgan de postes y árboles, de los que quedaban pocos rastros esta tarde.
Los cierres de campaña imprimieron el mayor color. Los seguidores de Frei protagonizaron anoche un acto en un barrio de la comuna de La Granja, en Santiago, animado por varios artistas y el legendario grupo Inti Illimani, para luego extenderse a las principales avenidas con un banderazo multicolor que sacudió el final de la jornada.
Unos 500 kilómetros al sur, en la ciudad de Concepción, el postulante de la derecha reeditó su Fiesta por el Cambio con un acto también matizado por varios grupos musicales reconocidos en la región, tal como ya parece ser tradición en las costumbres políticas locales.
Este fenómeno permite a los comandos recurrir a "rostros, líderes de opinión, con los que la gente se ve identificada lo que hace que muchos actores y músicos estén hoy en primera línea en la campaña. Fuertemente en el caso de Frei, porque los artistas chilenos están históricamente vinculados a los sectores progresistas y concertacionistas”, evaluó Vergara.
Son los mismos artistas los que protagonizaron varias de las franjas televisivas junto a los candidatos, las que apelaron mucho más a los valores morales y aspiracionales que a las propuestas de campaña, ausentes para muchos de toda la campaña.
Concebidas como videoclips y con jingles de pegajosa melodía, los comandos apelaron al slogan "Sumate al cambio” de Piñera y el "No da lo mismo” o "Todos por Frei”, del concertacionista.
Pero, escapando a las regulaciones de la propaganda televisiva, los candidatos no dudaron en concurrir a cuanto programa se los invitara, incluso hasta bordear el límite del ridículos con apariciones en las que pretenden mostrarse descontracturados y hasta divertidos, como si fueran atributos infaltables en un buen presidente.
Piñera y Frei dieron la nota esta semana en el programa nocturno "El Hormigueron", en el que el candidato de la derecha dio una entrevista en una cama junto a la conductora Tonka Tomicic e intentó bailar al ritmo de "Thriller", del fallecido Michael Jackson.
El hombre de la Concertación “en el mismo espacio- sacrificó su peinado bajo distintas pelucas, se calzó una camiseta de la U, y reeditó su declaración de amor a su esposa, Martha Larraechea.
Este episodio, para el analista en marketing, es un ejemplo de cambio de imagen que operó la campaña del comando oficialista en el que aparecieron para la segunda vuelta nuevas y jóvenes caras políticas “Carolina Tohá, Ricardo Lagos Weber y Claudio Orrego- y nuevos productores que lograron un "cambio radical” para lograr una campaña más dinámica y entretenida.
En esta renovación de la forma de hacer política, la campaña siguió el camino ya marcado por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, con la utilización de todos los recursos y herramientas tecnológicas y las redes sociales como Facebook, Twitter, las paginas web y los blogs personales.
"Sin embargo, cuando uno analiza quiénes ven el Twiter, ve que son aquellos que no votan en Chile. Tiene un efecto más bien simbólico, pero tangencialmente efectivo, por lo que hoy los esfuerzos de campaña se concentran en el adulto y el adulto mayor”, sentenció Vergara.
(Telam)
|